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kabir

poemas de kabir (spanish)

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I
¡Oh, servidor! ¿Dónde me buscas?
¡Mira! Estoy junto a ti.
No estoy en templo ni en mezquita: ni en Kaaba ni en Kailash:
Ni estoy en los ritos ni en las ceremonias, ni en Yoga y las renunciaciones.
Si eres un verdadero buscador, me verás en el acto: te encontrarás conmigo en un solo momento.
Kabir dice: «¡Oh Sadhu! Dios es el aliento de todo lo que yo respiro».
II
Es inútil preguntarle a un santo a qué casta pertenece.
El sacerdote, el guerrero, el artesano, y todas las treinta y seis castas, por igual buscan a Dios.
Es solo necedad el preguntar de qué casta puede ser un santo.
El barbero ha buscado a Dios, lo mismo que la lavandera y el carpintero.
Hasta Raidas fue buscando a Dios.
El Rishí Swapacha fue de casta de tintoreros. Hindús y Mahometanos igualmente han alcanzado ese fin, donde no queda marca de diferenciación.
III
¡Oh, amigo! Espéralo mientras vives, conócelo mientras vives, compréndelo mientras vives; pues en la vida está la liberación.
Si tus ligaduras no son rotas mientras vives, ¿qué esperanza de liberación hay en la muerte?
Es sólo un sueño vacío, la idea de que el alma tendrá unión con Él porque ha pasado del cuerpo.
Si a Él se la encuentra ahora, se le encuentra después.
Si no, sólo vamos a morar en la Ciudad de la Muerte.
Si tienes unión ahora, la tendrás luego.
Bañate en la Verdad, conoce el verdadero gunn.
¡Ten fe en el verdadero Nombre!
Kabir dice: «Es el Espíritu de la busca lo que ayuda; yo soy esclavo de este Espíritu de la busca».
IV
¡No vayas al jardín lleno de flores!
¡Oh, amigo! no vayas allí.
En tu cuerpo está el jardín de las flores.
Siéntate sobre los mil pétalos de loto,
y contempla allí la infinita Belleza.
V
Dime, hermano, ¿cómo puedo renunciar a Maya? Cuando dejé de atar cintas, aún me ataba la vestidura al cuerpo.
Cuando dejé de atarme la vestidura, aún cubría mi cuerpo con sus pliegues.
Así, cuando dejo la pasión, veo que queda la ira.
Y cuando renuncio a la ira, la codicia está aún conmigo.
Y cuando la codicia es vencida, el orgullo y la vanagloria permanecen.
Cuando el entendimiento se ha desasido y arroja a Maya lejos, aún se agarra a la letra.
Kabir dice, «Escúchame, Sadhu querido: la senda verdadera raras veces se encuentra».
VI
La luna brilla en mi alma, pero mis ojos ciegos no pueden verla.
El tambor no redoblado de la Eternidad suena dentro de mí; pero mis oídos sordos no pueden oírlo.
Mientras el hombre clamorea por el Yo y el Mío, su obra es el vacío.
Cuando todo amor del Yo y del Mío está muerto, entonces la obra del Señor se hace.
Pues la labor no tiene otra meta que el obtener saber.
Cuando esa llega, el trabajo se deja.
La flor florece por su fruto: cuando el fruto viene, la flor se mustia.
El almizcle está en el venado, pero éste no lo busca dentro de sí mismo; vaga buscándolo por la yerba.
VII
Cuando Él mismo se revela, Brahma trae a la manifestación Aquello que nunca puede ser visto.
Así como la semilla está en la planta, como la sombra está en el árbol, como el espacio está en el cielo, como las infinitas formas están en el vacío.
Así, desde más allá de lo Infinito, lo Infinito viene; y desde lo Infinito lo finito se estiende.
La criatura está en Brahma, y Brahma está en la criatura: ellos son siempre distintos y, sin embargo, siempre unidos.
Él Mismo es el árbol, la semilla y el jérmen.
Él Mismo es la flor, el fruto y la sombra.
Él Mismo es el sol, la luz y lo iluminado.
Él Mismo es Brahma, criatura y Maya.
Él Mismo es la forma múltiple, el infinito espacio.
Él es el aliento, la palabra y el sentido.
Él Mismo es el límite y lo ilimitado: y más allá de ambos, del límite y lo ilimitado, está Él, el Puro Ser.
Él es el Pensamiento en Brahma y en la criatura.
El Alma Suprema es vista dentro del alma.
El Punto escrito está dentro del Alma Suprema.
Y dentro del Punto, se ve de nuevo el reflejo.
¡Kabir es bendito porque tiene esta suprema visión!
VIII
Dentro de esta vasija de tierra, hay glorietas y bosques, y dentro de ella está el Creador:
Dentro de esta vasija están los siete océanos y las inumerables estrellas.
La piedra de toque y el que avalora y dispone de las joyas están dentro.
Y dentro de esta vasija lo Eterno suena, y la fuente mana.
Kabir dice: «Escúchame, amigo mío; Mi amado Señor está en la vasija».
IX
¿Y cómo había de espresar esa secreta palabra?
¿O cómo habrá de decir que Él no es así, y que es del otro modo?
Si yo digo que Él está dentro de mí, se avergüenza el universo.
Si digo que está fuera de mí, es una falsedad.
Él hace que el mundo interior y el esterior, sean indivisiblemente uno.
Lo conciente y lo inconciente son sus escabeles.
No está ni manifiesto ni escondido, Él no está ni Revelado ni no Revelado: no hay palabra para decir aquello que Él es.
X
¡A ti has atraído mi amor, oh Fakir!
¡Yo dormía en mi propio aposento, y Tú me despertaste, hiriéndome con tu voz, oh Fakir!
¡Yo me ahogaba en las profundidades del océano de este mundo, y Tú me salvaste levantándome con tu brazo, oh Fakir! ¡Solo una palabra —nunca dos— y tú me has hecho arrancarme todas mis ligaduras, oh Fakir!
Kabir dice: «¡Tú has unido tu corazón a mi corazón, oh Fakir!».
XI
Jugué día y noche con mis compañeros, y ahora me atemorizo mucho.
Tan alto es el Palacio de mi Señor que mi corazón tiembla de subir sus escaleras; sin embargo, no he de ser tímido si he de disfrutar de su amor.
Mi corazón se acoje a mi Amante; he de retirar mi velo, y unirme a él con todo mi cuerpo.
Mis ojos han de cumplir en la ceremonia como las lámparas del amor.
Kabir dice: «Escúchame amigo: Él comprende a quien le ama. Si no sientes el ansia del amor por tu Amado, es vano que adornes tu cuerpo; es inútil que pongas ungüento sobre tus párpados».
XII
¡Cuéntame, oh Cisne, tu antigua historia!
¿De qué tierra vienes, ¡oh Cisne! a qué ribera quieres volar? ¿Dónde quisieras descansar ¡oh Cisne! y qué es lo que buscas? ¡Despierta; levántate, sígueme, oh Cisne, esta misma mañana! Hay un país en donde ninguna duda ni pena han reinado: donde no existe el terror de la muerte.
Allí los bosques de la primavera están en flor, y la esencia que lleva el viento, dice: «Él soy yo».
Allí la abeja del corazón está profundamente sumerjida, y no desea otra alegría.
XIII
¡Oh Señor increado!, ¿quién te servirá?
Cada fiel ofrece su adoración al Dios de su propia creación y cada día él recibe los favores divinos.
Hay alguno que no le busca a Él, al Perfecto, a Brahma, el Indivisible Señor.
Creen en diez Avatares; pero ningún Avatar puede ver al Espíritu Infinito, cuando sufre el resultado de sus actos.
El Supremo (Uno) ha de ser otro.
El Yogi, el Sanyasi, los Ascetas, disfrutan unos con otros.
Kabir dice: «¡Oh, hermano! Aquel que ha visto ese resplandor de amor, ese solo está salvado».
XIV
El río y sus olas forman un solo cuerpo: ¿dónde está la diferencia entre el río y sus olas?
Cuando la ola se levanta, es agua; y cuando cae es la misma agua de nuevo.
Dime, Señor, ¿dónde está la diferencia?
Porque ha sido nombrada como ola, ¿no será ya considerada como agua?
Dentro del Supremo Brahma, los mundos son engarzados como cuentas de un rosario:
Mira ese rosario con los ojos de la sabiduría.
XV
Donde la primavera, señora de las estaciones, reina, allí la música no arrancada suena por sí sola. Allí las corrientes de luz fluyen en todas direcciones.
¡Pocos son los hombres que pueden atravesar a esa orilla!
Allí, donde millones de Krishnas están con manos juntas.
Donde millones de Vishnus inclinan sus cabezas.
Donde millones de Brahmas están leyendo los Vedas.
Donde millones de Shivas están perdidos en la contemplación.
Donde millones de Indras moran en el cielo.
Donde los semidioses y los munis son innumerables.
Donde millones de Saraswatis; diosas de la Música, tocan la vina.
Allí mi Señor se revela a sí mismo; y la fragancia de sándalos y flores perfuman los espacios.
XVI
Entre los polos de lo concierne y lo inconciente, el pensamiento ha puesto un columpio.
De él cuelgan los seres y todos los mundos, y ese columpio nunca deja de balancearse.
Millones de seres están allí; el sol y la luna, en sus cursos, están allí.
Millones de siglos pasan, y el columpio sigue.
Todo se mece; el cielo y la tierra, y el aire y el agua; y el Señor mismo allí personificado.
Y la visión de esto ha hecho a Kabir sirviente de su Amor.
XVII
La luz del sol, de la luna y de las estrellas, brilla vivamente:
La melodía del amor mor se hincha y el ritmo del desasimiento del amor late a compás.
Día y noche, el coro de música llena los cielos; y Kabir dice:
«Mi Amado relumbra como el destello del rayo en el cielo».
¿Sabéis como los mundos sienten su adoración?
Meciendo su círculo de lámparas, el universo canta sus alabanzas noche y día.
Allí están el escondido pendón y dosel secreto.
Allí el son de campanas invisibles se escucha.
Kabir dice: «Allí la adoración nunca cesa; allí el Señor del Universo está sentado en su trono».
El mundo entero hace sus obras y comete sus errores: pero pocos son los amantes que conocen al Amado.
El devoto buscador es aquel que mezcla en su corazón las dobles corrientes del amor y del desasimiento, como la mezcla de las corrientes del Ganjes y del Jumna.
En su corazón, el agua sagrada fluye día y noche; y así el círculo de nacimientos y de muertes se mueve sin cesar.
¡Ve cuan maravilloso descanso existe en el Espíritu Supremo! lo disfruta aquel que se hace digno de él.
Tenido por las cuerdas del Amor, el columpio del Océano de la Alegría se mece hacia adelante y hacia atrás; y un poderoso sonido rompe en canción. ¡Mira que loto florece allí sin agua!
Y Kabir dice: «La abeja de mi corazón bebe su néctar».
¡Qué maravilloso loto florece en el corazón de la rueca del universo!
Sólo unas cuantas almas puras saben de su verdadero deleite.
La música está en todo su alrededor, y allí el corazón participa de la alegría del Mar Infinito.
Kabir dice: «Sumérjete en ese océano de dulzura.
Deja así que todos los errores de la vida y de la muerte huyan».
¡Vé como la sed de los cinco sentidos se apaga allí!; y las tres formas de calamidades desaparecen. Kabir dice: «Es el fuego del Inalcanzable: mira dentro, y ve como los rayos de la luna de Aquel escondido brillan dentro de ti».
Allí cae el rítmico latir de la vida y de la muerte:
El éstasis mana, y todo el espacio está radiante de luz.
Allí la música no arrancada es sonada; es la música del amor de los tres mundos.
Allí arden millones de lámparas de sol y luna.
Allí el tambor redobla, y el amante se columpia juguetón.
Allí resuenan canciones de amor, y la luz llueve a chubascos; y el que adora está enajenado con el gusto del néctar celestial. Mira a la vida y a la muerte; no hay separación entre ellas.
La mano derecha y la izquierda son uno y lo mismo.
Kabir dice: «Allí el hombre sabio no tiene palabras; pues esta verdad no se encuentra nunca en los Vedas ni en los libros».
He tenido mi sitial en el Auto-Equilibrado.
He bebido del cáliz de lo inefable.
He encontrado la llave del Misterio.
He llegado a la Raíz de la Unión.
Viajando sin senda, he venido al País que no tiene pena: muy fácilmente me ha llegado la misericordia del gran Señor.
Han cantado de Él como a infinito e inalcanzable, pero yo en mis meditaciones le he visto sin vista. Ésa es en verdad la tierra sin pena, y ninguno conoce la senda que lleva allí.
Sólo aquel que encuentra esa senda ha trascendido todo pesar.
Maravillosa es esa tierra de descanso, a la que ningún mérito abre paso.
Es el sabio quien la ha visto, es el sabio que la ha cantado.
Ésta es la última Palabra: pero ¿podrá espresar su maravilloso sabor? El que la ha gustado una vez, sabe la alegría que puede dar.
Kabir dice: «Sabiéndolo, el hombre ignorante se hace sabio y el hombre sabio enmudece y calla.
El adorador está completamente ebrio.
Su sabiduría y su desasimiento se hacen perfectos.
Él bebe del cáliz de las aspiraciones y respiraciones del amor».
Allí todo el cielo se llena de sonido, y allí esa música se hace sin dedos y sin cuerdas.
Allí el fuego del placer y del dolor no cesa.
Kabir dice: «Si fusionas tu vida en el Océano de la Vida, encontrarás tu vida en la Suprema Tierra de la Ventura».
¡Qué frenesí de éstasis hay en cada hora! El adorador esprime y bebe la esencia de las horas: vive en la vida de Brahma.
Yo hablo la verdad, pues he aceptado la verdad en la vida; ahora estoy prendido a la verdad, porque he barrido fuera todo oropel.
Kabir dice: «Así el adorador es libertado del temor; así acaban todos los errores de la vida y de la muerte».
Allí el cielo está lleno de música:
Allí llueve néctar:
Allí las cuerdas del arpa tintinean, y allí redobla el tambor.
¡Qué secreto esplendor hay allí, en la mansión del cielo!
Allí no se habla del levantarse y del ponerse del sol; en el océano de manifestaciones que es la luz del amor, se siente que el día y la noche son uno.
¡Alegría para siempre, sin pena, sin esfuerzo!
Allí he visto la alegría llena hasta rebosar, allí la perfección de la alegría.
No hay lugar para el error allí.
Kabir dice: «Allí he atestiguado el disfrute de la Única Ventura».
He conocido en mi cuerpo el fuego del universo.
He escapado al error de este mundo.
El interior y el esterior se han hecho como un solo cielo; el Infinito y el finito están mudos: ¡estoy borrando con la visión de este Todo!
Esta Ley Tuya consume el universo: es la lámpara del amor que arde en el azafate del saber.
Kabir dice: «Allí el error no puede entrar, y el conflicto de la vida y de la muerte no se siente ya más».
XVIII
La relijión media del cielo, en donde el espíritu mora, está radiante con la música de la luz.
Allí, donde la pura y blanca música florece, mi Señor se deleita.
En la maravillosa efuljencia de sus cabellos, el brillo de millones de soles y de lunas se pierde.
En aquella orilla hay una ciudad, donde la lluvia del néctar se derrama y se derrama, y nunca cesa.
Kabir dice: «¡Ven, O Dharmadas! y ve el Durbar de mi gran Señor».
XIX
¡Oh corazón mío! El Supremo Espíritu, el Gran Maestro está junto a ti ¡despierta, depiértate!
Apresúrate y corre a echarte a los pies de tu Amado; tu Señor está muy cerca de ti.
Estuviste dormitando durante innumerables siglos; ¿y no quieres despertar esta mañana?
XX
¿A qué ribera querrías cruzar?, ¡oh corazón mío!
No hay viajero ante ti, no hay camino:
¿Dónde está el movimiento, dónde está el descanso, en aquella ribera?
No hay agua; no hay barca, no hay barquero allí.
No hay ni una soga para remolcar la barca, ni un hombre para tirar de ella.
No hay tierra, no hay cielo, no hay tiempo, no hay cosa, allí: ¡no hay ribera, no hay vado!
Allí no hay cuerpo ni entendimiento: y ¿dónde está el lugar que aquietará la sed del alma? No encontrarás nada en ese vacío.
Sé fuerte y entra en tu propio cuerpo pues allí será segura tu pisada.
¡Considéralo bien, oh corazón mío! No vayas a otra parte.
Kabir dice: «Aparta todas las imajinaciones, y plántate firme en lo que eres».
XXI
Lámparas arden en cada casa ¡oh ciego!; y no puedes verlas. Un día tus ojos se abrirán de improviso, y verás: y las esposas de la muerte caerán de ti.
No hay nada que decir ni que escuchar, no hay nada que hacer: es aquel que está vivo, aunque muerto, quien nunca morirá del todo.
Porque vive en la soledad, el Yogui dice que su hogar está lejos.
Tu Señor está cerca: tú estás trepando la palmera en busca de Él.
El sacerdote Brahman va de casa en casa e incita al pueblo en la fe.
¡Ay! la verdadera fuente de la vida está junto a ti, y has levantado una piedra para adorarla.
Kabir dice: «Nunca podré espresar cuán dulce es mi Señor.
Yoga y el rezar rosarios, la virtud y el vicio, nada de esto existe para Él».
XXII
¡Oh hermano! mi corazón ansia aquel verdadero Guru, que llena el cáliz del verdadero amor, y bebe de él el mismo, y me lo ofrece luego.
Él aparta el velo de los ojos, y da la verdadera Visión de Brahma.
Él revela los mundos que hay dentro de Él y hace que yo oiga la música no Arrancada.
Él muestra que la alegría y la pena son una misma cosa.
Él llena toda palabra de amor.
Kabir dice: «¡Verdaderamente no tiene temor quien tiene semejante Guru que le conduzca al abrigo del seguro!».
XXIII
Las sombras del anochecer caen espesas y profundas; la oscuridad del amor envuelve el cuerpo y el entendimiento.
Abre la ventana hacia poniente, y piérdete en el cielo del Amor.
Bebe la dulce miel que impregna los pétalos del loto del corazón.
Penetra en las ondas del mar ¡qué esplendor hay en la rejión del cielo!
¡Escucha el son de caracolas y de campanas!
Kabir dice: «¡Oh hermano, ve! el Señor está en esta vasija de mi cuerpo».
XXIV
Sobre todas las cosas, acaricio en mi corazón ese amor que me hace vivir una vida ilimitada en este mundo.
Es como el loto, que vive en el agua y florece en el agua; sin embargo, el agua no puede tocar sus pétalos que se abren más allá de su alcance.
Es como una esposa, que entra en el fuego ante el requerimiento del amor.
Arde y permite que otros se aflijan; sin embargo nunca deshonra al Amor.
El Océano de este mundo es difícil de atravesar: sus aguas son muy hondas.
Kabir dice: «Escúchame ¡O Sadhu! pocos son los que han alcanzado esta orilla ilimitada».
XXV
Mi Señor se esconde a Sí-mismo, y mi Señor maravillosamente se revela a Sí-mismo.
Mi Señor me ha rodeado de dureza y mi Señor ha derribado mis limitaciones.
Mi Señor me trae palabras de pena y palabras de alegría, y Él El-mismo sana esta lucha.
Ofreceré mi cuerpo y mi entendimiento a mi Señor.
Entregaré mi vida antes de olvidar a mi Señor.
XXVI
Todas las cosas son creadas por el Om.
El amor es la forma de su cuerpo.
Él no tiene forma, ni cualidad, ni decadencia.
¡Busca tu unión con Él!
Pero ese informe Dios toma mil formas a los ojos de sus criaturas:
Él es puro e indestructible.
Su forma es infinita e insondable.
Danza en éstasis, y brotan ondas de forma de su danza.
El cuerpo y el entendimiento no pueden contenerse cuando son tocados por su gran alegría.
Él está sumerjido en todas las conciencias, en todos los júbilos y en todas las penas.
Él no tiene principio ni fin.
Él lo tiene todo dentro de Su dicha.
XXVII
Es la misericordia de mi verdadero Guru la que me ha hecho conocer lo desconocido.
He aprendido de Él a andar sin pies, a ver sin ojos, a oír sin oídos, a beber sin boca, a volar sin alas.
He traído mi amor y mi meditación a una tierra donde no hay sol ni luna, ni día ni noche.
Sin comer he gustado la dulzura del néctar; y sin agua, he apagado mi sed.
Donde está la respuesta de la delectación, está la plenitud de la alegría.
¿Ante quién podrá pronunciarse esa gozosa plenitud?
Kabir dice: «El Guru es grande sobre todas las cosas, y grande es la buena suerte de su discípulo».
XXVIII
Ante lo incondicionado, lo condicionado danza «¡Tú y yo somos uno!» dicen las trompetas.
El Guru viene y se inclina ante el discípulo.
Ésta es la mejor de las maravillas.
XXIX
Gorakhnath pregunta a Kabir:
Dime ¡oh Kabir! ¿Cuándo comenzó su vocación? ¿Dónde tuvo su nacimiento tu amor?.
Kabir responde:
Cuando aquel cuyas formas son múltiples no había comenzado su juego:
Cuando no había Guru, ni discípulos: cuando el mundo aún no se había abierto: cuando el Supremo Uno estaba solo.
Entonces yo me hice asceta; entonces ¡oh Gorakhnath! mi amor fue atraído a Brahma.
Cuando me instruyeron en Yoga, Brahma no llevaba corona en la cabeza; el dios Vishnu no había sido unjido rey; el poder de Shiva no había nacido todavía.
Me revelé repentinamente en Benarés, y Ramananda me iluminó.
Traje conmigo la red del Infinito, y vine para encontrarme con Él.
En sencillez con la Unidad más simple.
Y estoy seguro de que mi amor brotará.
Porque ya marcho al ritmo de esa música.
XXX
En este árbol hay un pájaro: baila con la alegría de la vida.
Nadie sabe donde está: y ¿quién sabe lo que dice en su canto?
Donde las ramas hacen la sombra más profunda, allí tiene su nido: y viene al anochecer y se va volando a la mañana, y no dice una palabra de aquello que quiere decir.
Nadie me dice de este pájaro que canta dentro de mí.
Ni tiene color, ni es incoloro;
no tiene ni forma ni silueta;
se sienta a la sombra del amor.
Mora dentro de lo Inalcanzable, de lo Infinito y de lo Eterno; y nadie nota cuando viene y se va.
Kabir dice: «¡Oh, hermano Sadhu! profundo es el misterio. Que los sabios intenten saber donde descansa ese pájaro».
XXXI
Un acerbo dolor me atormenta día y noche y no puedo dormir.
Ansío el encuentro con mi Amado, y la casa de mi padre ya no me produce placer.
Los portales del cielo están abiertos; el templo se revela.
Encuentro a mi esposo, y dejo a sus pies la ofrenda de mi cuerpo y de mi entendimiento.
XXXII
¡Baila, corazón mío! Baila hoy de alegría.
Los acordes del corazón llenan los días y las noches de música, y el mundo está escuchando sus melodías:
Locos de júbilo, vida y muerte danzan al compás de esta música. Los montes y el mar y la tierra bailan. El mundo del hombre baila riendo y llorando.
¿Por qué vestirse el hábito del monje, y vivir apartado del mundo en orgullosa soledad?
Kabir dice:
«¡Mira! Mi corazón baila con el deleite de cien artes, y el Creador lo mira complacido».
XXXIII
¿Para qué hacen falta palabras, cuando el amor ha embriagado el corazón?
He envuelto el diamante en mi manto, ¿por qué abrirlo una y otra vez?
Cuando fue ligera su carga, el platillo ascendió: ahora que está lleno, ¿qué falta hace el pesar?
El cisne ha emprendido su vuelo hacia el lago que está más allá de las montañas; ¿porqué ha de buscar las charcas y las zanjas ya?
Tu Señor mora en ti: ¿qué falta hace que tus ojos esteriores se abran?
Kabir dice: «¡Escucha, hermano mío! mi señor, que hechiza mis ojos, se ha unido a mí».
XXXIV
¿Cómo podría cortarse el amor entre Tú y yo?
Así como la hoja del loto reposa en el agua, así tú eres mi Señor, y yo soy tu servidor.
Como el pájaro de la noche Chakor contempla la luna: así Tú eres mi Señor y yo soy Tu servidor.
Desde el comenzar hasta el terminar del tiempo, hay amor entre Tú y yo; ¿y cómo habrá de estinguirse semejante llama?
Kabir dice: «Así como el río entra en el océano, así mi corazón entra del todo en ti».
XXXV
Mi cuerpo y mi entendimiento se apesadumbran porque me faltas Tú.
¡Oh, Amado mío! ven a mi casa.
Cuando dicen que yo soy tu prometida, me avergüenzo; pues no he tocado Tu corazón, con mi corazón.
Entonces, ¿qué es este amor mío? No tengo gusto por la comida, no tengo sueño; mi corazón está siempre inquieto dentro de casa y fuera de ella.
Así como el agua es al sediento, así es el amante para la novia.
¿Quién llevará estas nuevas a mi Amado?
Kabir está inquieto: se muere porque no ha podido ver a su Amor.
XXXVI
¡Oh, amigo, despierta, y no duermas más!
La noche pasó y se fue, ¿querías perder tu día también?
Otros, que han despertado, han recibido joyas.
¡Oh, mujer necia! has perdido tu oportunidad mientras dormías.
¡Tu amante es sabio y tú eres necia, oh mujer!
No preparaste la cama de tu esposo:
¡Oh, loca! te pasaste el tiempo en juegos tontos.
Tu juventud pasó en vano, pues no conociste a tu Señor.
¡Despierta, despierta! ¡Mira! Tu cama está vacía:
Te ha abandonado durante la noche.
Kabir dice: «Sólo está despierta aquella cuyo corazón está atravesado por la flecha de Su música».
XXXVII
¿Dónde está la noche cuando brilla el sol? Si es de noche, el sol retira su luz.
Donde está el saber ¿puede perdurar la ignorancia?
Si hay ignorancia, entonces ha de morir el saber.
Si hay lujuria, ¿cómo ha de haber allí amor? Donde hay amor no hay lujuria.
Echa mano de tu espada, y únete a la pelea. Lucha, hermano mío, mientras la vida dure.
Córtale de un golpe la cabeza al enemigo, y acábalo en un acto rápido; luego ven e inclina tu cabeza en el Durbar de tu Rey.
Aquel que es valiente nunca abandona la batalla; el que huye de ella no es combatiente leal y verdadero.
En el campo de este cuerpo se desarrolla una gran guerra contra la pasión, la ira, el orgullo y la codicia.
Es en el reino de la verdad, del contentamiento y de la pureza, donde esta batalla se desencadena y la espada que más alto brilla es la espada de su nombre.
Kabir dice: «Cuando un caballero valeroso entra en liza, una hueste de cobardes sale huyendo. Es una dura y fatigosa lucha, esta lucha del buscador de la verdad: pues el voto del buscador de la verdad es más duro que el del guerrero, o el de la esposa viuda que quisiera seguir a su marido.
Pues el guerrero combate unas cuantas horas y la lucha de la viuda con la muerte pronto terminará.
Pero la batalla del buscador de la verdad sigue día y noche y mientras dura la vida nunca cesa».
XXXVIII
El cerrojo del error cierra el portal; ábrelo con la llave del amor.
Así, con abrir la puerta, despertarás al Amado.
Kabir dice: «¡Oh hermano! no pases de largo ventura como ésta».
XXXIX
¡Oh, amigo! este cuerpo es Su lira.
Él aprieta sus cuerdas, y saca de ella la melodía de Brahma.
Si la cuerda se parte y las llaves se sueltan, entonces habrá de volver al polvo este instrumento de polvo.
Kabir dice: «Sólo Brahma puede crear sus ilimitadas melodías».
XL
Querido en verdad es para mí aquel que puede llevar al caminante de nuevo a su hogar. En el hogar está la verdadera unión; en el hogar está la alegría de la vida.
¿Por qué habría yo de abandonar mi hogar y vagar en el bosque? Si Brahma me ayuda a realizar la verdad, encontraré tanto la esclavitud como la liberación en el hogar.
Querido me es en verdad aquel que tiene fuerzas para sumergirse profundamente en Brahma, cuyo entendimiento se pierde con facilidad en su contemplación.
Querido me es en verdad aquel que conoce a Brahma, y puede ensimismarse en Su suprema verdad meditando; y el que puede sonar la melodía del Infinito uniendo el amor y la renunciación en la vida.
Kabir dice: «El hogar es el sitio de estar; en el hogar está la realidad; la morada ayuda a alcanzar a Aquel que es verdadero. Quédate, pues, donde estás, y todas las cosas vendrán a ti con el tiempo».
XLI
¡Oh, Sadhu! la unión sencilla es la mejor.
Desde el día que me encontré a mi Señor, no ha tenido fin el regocijado juego de nuestro amor.
No cierro mis ojos, no cierro mis oídos, no mortifico mi cuerpo.
Veo con los ojos abiertos y sonrío; y veo su belleza en todas partes:
Pronuncio Su Nombre, y cualquier cosa que veo me recuerda a Él; cualquier acto mío se convierte en adoración.
El levante y el poniente son uno para mí; todas las contradicciones se resuelven en Él.
Donde quiera que yo vaya, me muevo alrededor suyo.
Todo cuanto alcanzo y realizo es en su servicio: cuando me acuesto, me prosterno a Sus pies. Él es el único adorable para mí: no tengo a otro.
Mi lengua ha dejado las palabras impuras y sólo canta Su gloria día y noche.
Sentado o de pie, nunca puedo olvidarlo pues el ritmo de su música late en mis oídos.
Kabir dice: «Mi corazón está frenético y en mi alma se revela lo que está escondido.
Estoy sumerjido en esa única gran ventura que trasciende todo placer y dolor».
XLII
No hay nada más que agua en los santos lugares de baño; y sé que son inútiles, pues me he bañado en ellos.
Las imájenes son todas inanimadas; no pueden hablar; yo lo sé porque les he clamado.
El Purana y el Korán no son más que palabras; levantando la cortina yo he visto claro.
Kabir habla con las palabras de la esperiencia; y sabe muy bien que todas las demás cosas son falsas.
XLIII
Me río cuando oigo que el pez en el agua tiene sed.
¡No ves que lo Verdadero está en tu hogar, y vagas de bosque en bosque desgarradamente!
¡Aquí está la verdad! Ve donde quieras, a Benarés o a Mathura; si no encuentras tu alma, el mundo no tiene fundamento para ti.
XLIV
El Estandarte está plantado en el templo del cielo.
Allí el dosel azul, ornado de luna y engarzado de vivas joyas, está tendido.
Allí la luz del sol y de la luna brillan.
Acalla tu entendimiento y hazte silencio ante tanto esplendor.
Kabir dice: «El que ha bebido de este néctar, yerra como un loco».
XLV
¿Quién eres tú, y de dónde vienes?
¿Dónde mora ese Supremo Espíritu, y cómo se regocija con todas las cosas creadas?
El fuego está en el bosque ¿pero quién lo despierta repentinamente?
Luego se convierte en cenizas y ¿dónde se va la fuerza del fuego?
El verdadero Maestro enseña lo que no tiene ni límite ni infinitud.
Kabir dice: «Brahma acopla su palabra a la comprensión de quien lo escucha».
XLVI
¡Oh, Sadhu! purifica tu cuerpo del modo más sencillo.
Así como la semilla está dentro del árbol del baniano, y dentro de la semilla están las flores, el fruto y la sombra, así el jermen está dentro del cuerpo, y dentro del jermen está el cuerpo de nuevo.
El fuego, el aire, el agua, la tierra y el éter; nada encontrarás fuera de Él.
O Kazi, o Pundit, considéralo bien: ¿qué hay que no esté en el alma?
El jarro lleno de agua flota sobre el agua; tiene agua dentro y fuera.
No debiera dársele nombre, por no suscitar el error del dualismo.
Kabir dice: «Escucha la Palabra, la Verdad que es tu esencia. Él habla la Palabra a Simismo; y Él mismo es el Creador».
XLVII
Hay un árbol estraño que se tiene sin raíces y da fruto sin florecer.
No tiene ramas y no tiene hojas; está recubierto de loto, por todas partes.
Dos pájaros cantan, allí; uno es el Guru, y el otro el discípulo.
El discípulo escoje los frutos múltiples de la vida y los gusta, y el Guru lo contempla lleno de alegría.
Lo que Kabir dice es difícil de comprender: «El pájaro está más allá de los ojos y, sin embargo, es claramente visible. Lo Informe está en medio de todas las formas. Yo canto la gloria de las formas».
XLVIII
He aquietado mi entendimiento desasosegado y mi corazón está radiante: pues en el Aquello he visto más allá del Aquello, en soledad he visto al Compañero mismo.
Viviendo en la esclavitud me he libertado:
me he desprendido de las garras de toda estrechez.
Kabir dice: «He alcanzado lo inalcanzable, y mi corazón ha tomado el color del amor».
XLIX
Lo que tú ves no es: y para lo que es, tú no tienes palabras.
A menos que veas, no creas: lo que se te dice no puedes aceptarlo.
El que discierne sabe por la palabra; y el ignorante se está boquiabierto.
Algunos contemplan lo Informe, y otros meditan sobre la forma: pero el sabio sabe que Brahma está más allá de ambos.
La belleza de Él no es vista con el ojo: su música sin palabras no se oye con el oído.
Kabir dice: «Aquel que ha encontrado tanto el amor como la renunciación, nunca desciende a la muerte».
L
La flauta del Infinito suena sin cesar, y su son es amor.
Cuando el amor renuncia todo límite, alcanza la verdad.
¡Qué lejos se esparce su perfume! No tiene fin; nada se le opone.
La forma de esta melodía es viva como un millón de soles:
incomparablemente suena la vina, la vina de las notas de la verdad.
LI
Querido amigo ¡tengo ansia de encontrar a mi Amado! Mi juventud ha florecido, y el dolor de la separación atormenta mi pecho.
Vago todavía en las callejas del saber sin propósito, pero he recibido sus noticias en estas callejas invisibles.
Tengo una carta de mi Amado: en esta carta hay un mensaje inefable, y ahora mi temor a la muerte se ha acabado.
Kabir dice: «¡Oh amigo mío afectuoso! He recibido como regalo para mí al Inmortal».
LII
Cuando me veo separado de mi Amado, siento a mi corazón en la miseria; no tengo consuelo en el día, no tengo sueño en la noche. ¿A quién contaré mi pena?
La noche es oscura, las horas se deslizan. Porque mi Señor está ausente, yo me levanto sobresaltado y tiemblo de miedo.
Kabir dice: «¡Escucha, amigo mío! no hay más satisfacción que el encontrarse con el Amado».
LIII
¿Qué flauta es ésa cuya música me estremece de alegría?
La llama arde sin lámpara.
El loto florece sin raíz.
Las flores se abren en biznagas.
El pájaro de la luna se embelesa en la luna.
Con todo su corazón el pájaro de la lluvia anhela el aguacero.
Pero ¿cuál es el amor en quien concentra el Amado su vida entera?
LIV
¿No has oído la melodía que la música no sonada canta? En medio del aposento, el arpa de la alegría está siendo, suavemente y dulcemente, tocada, y ¿de qué vale el salir fuera a escucharla?
Si no has bebido del néctar de ese Único Amor, ¿de qué vale que te purgues de todas las manchas? El Kazi busca en las palabras del Korán, para enseñar a los hombres, pero si un corazón no está empapado de amor, ¿de qué le servirá ser maestro de hombres?
El Yogi tiñe sus vestidos de rojo: pero si no sabe nada del color del amor ¿de qué sirve que sus vestidos estén teñidos?
Kabir dice: «Esté yo en el templo o en el balcón, en el campamento o en el jardín de flores, te digo verdaderamente que a cada momento mi Señor se está deleitando en mí».
LV
¡Sutil es la senda del Amor!
En ella no hay ningún preguntar.
Allí uno se pierde a los pies de Él.
Allí uno se hunde en la alegría del buscar; sumerjido en las profundidades el amor como un pez en el agua.
El amante no es nunca tardío en ofrecer su vida por el servicio de su Señor.
Kabir declara el secreto de este amor sin frontera.
LVI
Es verdadero Sadhu, quien puede revelar la forma de lo Informe a la visión de los ojos:
Quien enseña la manera sencilla de alcanzarlo sin preocuparse de los ritos y las ceremonias.
Quien no te hace cerrar las puertas, ni contener el aliento, ni renunciar al mundo.
Quien te hace percibir el Supremo Espíritu donde quiera que el entendimiento se aferra.
Quien te enseña a estar sereno en medio de todas las actividades.
Siempre inmerjido en la dicha, sin temor en el pensamiento, mantiene el espíritu de la unión en medio de todos los goces.
La infinita morada del Ser Infinito está en todas partes: en la tierra, en el agua, en el cielo y en el aire:
Firme como el rayo, el asiento del que busca está plantado sobre el vacío.
El que está dentro está fuera: yo le veo a Él y a ningún otro.
LVII
¡Recibe esa Palabra de la cual brota el Universo! Esa palabra es el Guru; la he escuchado y me he convertido en discípulo.
¿Cuántos hay que conocen el sentido de esa Palabra?
¡Oh Sadhu! ¡Practica esa Palabra!
Los Vedas y los Puranas la proclaman.
El mundo está establecido en ella.
Los Rixis y devotos hablan de su eficacia.
Pero nadie conoce el misterio de la Palabra.
El dueño de la casa deja su casa cuando la oye.
El asceta vuelve al amor cuando la escucha.
Las seis filosofías intentan esplicarla.
El Espíritu de la Renunciación brota de esa Palabra.
De esa Palabra la forma-del-mundo ha surjido
Esa Palabra lo revela todo.
Kabir dice: «Pero ¿quién sabe de dónde viene la Palabra?».
LVIII
¡Apura la copa! ¡Embriágate!
Bebe el divino néctar de Su Nombre
Kabir dice: «¡Escúchame, querido Sadhu!
Desde la planta del pie a la coronilla de la cabeza, este entendimiento está envenenado».
LIX
Hombre, si no conoces a tu propio Señor, ¿de qué estás tan orgulloso?
Aparta de ti tu injenio: las frías palabras nunca te unirán a Él.
No te engañes con el testimonio de las escrituras.
El amor no es otra cosa que esto, y el que lo busca verdaderamente lo encuentra en cualquier instante.
LX
El gusto de errar por el océano de la vida que no tiene muerte, me ha librado de toda apetencia.
Así como el árbol está en la semilla, así todas las enfermedades están en pedir demasiado.
LXI
Cuando al fin hayas llegado al océano de la felicidad, no te vuelvas sediento.
¡Despierta en ti, que la muerte te acecha! Aquí hay agua pura; bébela con cada aliento.
No te ofusques ante el agua; ten sed del néctar; Dhruva, Prahlad y Shukadeva han bebido de él, y también Raidas lo ha gustado.
Los santos están ebrios de amor; su sed es sed de amor.
Kabir dice: «¡Escúchame, hermano! El nido del temor está roto.
Ni por un momento te has visto cara a cara con el mundo.
Estás tejiendo tu esclavitud de mentira; tus palabras están llenas de engaño.
Con la carga de deseos que llevas en tu cabeza ¿cómo puedes sentirte lijero?».
Kabir dice: «Conserva en ti la verdad, el desasimiento y el amor».
LXII
¿Quién ha enseñado a la esposa viuda a quemarse en la pira del marido muerto?
¿Y quién ha enseñado al amor a encontrar la dicha en la renunciación?
LXIII
¿Por qué estás tan impaciente, corazón mío?
El que cuida de los pájaros, las bestias y los insectos.
El que te cuidó a ti mientras aún estabas en el vientre de tu madre.
¿No habrá de cuidarte ahora que has salido de él?
¡Oh corazón mío!, ¿cómo pudiste apartarte de la sonrisa de tu Señor y vagar lejos de Él?
Has dejado a tu Amado y estás pensando en otros: y por eso es por lo que todo tu trabajo es vano.
LXIV
¡Cuán difícil es encontrarme con mi Señor!
El pájaro de la lluvia jime sediento por la lluvia; casi muere de su anhelo, y sin embargo no querría otra agua que la lluvia.
Atraída por el amor de la música, la cierva se echa adelante: se muere al escuchar la música y, sin embargo, no se encoje de miedo. La esposa viuda está sentada junto al cuerpo de su marido muerto: no tiene miedo del fuego.
Aparta de ti todo temor por este pobre cuerpo.
LXV
¡Oh, hermano! cuando yo era olvidadizo, mi verdadero Guru me mostró el Camino.
Entonces dejé todos los ritos y ceremonias; no me bañé más en el agua bendita:
Entonces supe que era yo solo el que estaba loco, y el mundo entero a mi lado era cuerdo; y yo había molestado a estos sabios.
De aquel tiempo en adelante no supe ya rodar en el polvo inclinándome.
Ya no toco la campana del templo.
Ya no pongo al ídolo sobre su trono.
Ya no adoro la imajen con las flores.
No son las austeridades que mortifican la carne las que complacen al Señor.
El hombre que es bondadoso y ejerce la rectitud, que permanece pasivo entre los asuntos del mundo, que considera a todas las criaturas sobre la tierra como a sí mismo.
Ese es el que alcanza el Ser Inmortal, y el verdadero Dios está siempre con él.
Kabir dice: «Aquel cuyas palabras son puras, y que es libre de la soberbia y de la vanidad, es el que conoce el verdadero Nombre».
LXVI
El Yogi tiñe sus vestiduras, en vez de teñir su entendimiento con los colores del amor.
Está sentado dentro del templo del Señor; dejando a Brahma, adora a una piedra.
Se hace agujeros en sus orejas; tiene una gran barba y greñas, parece un cabro.
Sale al yermo, matando todos sus deseos, y se convierte en un eunuco.
Se afeite su cabeza y tiñe sus vestiduras; lee el Gita y se hace un gran parlanchín.
Kabir dice: «¡Te vas a las puertas de la muerte, atado de manos y de pies!».
LXVII
No sé qué clase de Dios es el mío.
El Mullah le grita con una gran voz. ¿Y por qué? ¿Es sordo el Señor?
Las sutiles ajorcas que resuenan en los pies de un insecto cuando se mueve, las oye Él.
Reza tu rosario, pinta tu frente con la marca de tu Dios, y lleva greñas largas y ostentosas: pero si un arma mortal está en tu corazón, ¿cómo has de tener a Dios?
LXVIII
Escucho la melodía de su flauta y no puedo contenerme.
La flor se abre aunque no es primavera; y ya la abeja recibió su invitación.
El cielo ruje y el relámpago destella; las olas se levantan en mi corazón.
Cae la lluvia y mi corazón anhela a mi Señor.
Allí donde el ritmo del mundo se levanta y cae, allí mi corazón ha alcanzado al Nombre.
Allí los pendones escondidos están aleteando en el aire.
Kabir dice: «Mi corazón está muriendo porque vive».
LXIX
Si Dios está dentro de la mezquita, entonces ¿a quién pertenece este mundo?
Si Ram está dentro de la imajen que encuentras en tu peregrinación, entonces ¿quién hay para saber lo que ocurre fuera?
Hari está en Oriente, Allah en el Occidente. Mira dentro de tu corazón, pues allí encontrarás lo mismo a Karim que a Ram.
Todos los hombres y mujeres del mundo son sus formas vivas.
Kabir es hijo de Allah y de Ram: Él es mi Guru, Él es el ansia de mi espíritu.
LXX
El que es manso y contentadizo, el que tiene la visión equitativa, cuyo entendimiento está lleno de la plenitud de la aceptación y del descanso.
El que lo ha visto a Él y lo ha tocado, ése se ha libertado de todo temor y quebranto.
Para él, el perpetuo pensamiento de Dios es como pasta de sándalo untada en el cuerpo; para él ninguna otra cosa es deleite.
Su trabajo y su descanso están llenos de música; él derrama por todas partes la luz de su amor.
Kabir dice: «Toco los pies de Aquél que es uno e indivisible, inmutable y sereno; Aquél que llena todos los vasos hasta rebosarlos de alegría, y cuya forma es el amor».
LXXI
Ve en compañía de los justos, en donde El Amado tiene su morada.
Saca todos tus pensamientos, tu amor y tu instrucción de allí.
¡Arda, hasta reducirse en cenizas toda asamblea en que no se diga Su Nombre!
Dios ¿cómo habrás de celebrar una boda, si el novio no asiste en persona?
No vaciles más, piensa sólo en el Amado:
No pongas tu corazón en adorar otros Dioses; no vale nada la adoración de otros maestros.
Kabir recapacita y dice: «¡Así nunca encontrarás al Amado!».
LXXII
La joya se ha perdido en el fango, y todos la están buscando.
Algunos la buscan en oriente, algunos en poniente; algunos en el agua y algunos entre las piedras.
Pero el sirviente Kabir la ha apreciado en su verdadero valor, y la ha envuelto con cuidado en el estremo del manto de su corazón.
LXXIII
El palanquín ha venido por mí, para llevarme a la morada del esposo;
me llena un temblor de felicidad y el júbilo me ajita el corazón.
Pero los portadores me han llevado a un grande y solitario bosque donde no conozco a nadie.
Beso sollozante vuestros pies, ¡oh, portadores! Esperad un momento: dejadme volver a casa de mis padres y de mis amigos para despedirme de ellos.
Kabir, canta: «¡Oh, Sadhu! Termina con tus negocios materiales, deja ahí tus beneficios y tus pérdidas pues en el país adonde te encaminas no hay posibles mercados».
LXXIV
¡Corazón mío! Ignoras todos los secretos de esta ciudad de amor: ignorante has llegado e ignorante retornas.
¡Oh, amigo mío! ¿Qué hiciste de tu vida? Echaste sobre tu cabeza una horrible carga de piedras ¿quién te aliviará de ese peso?
Pero tu Amigo se encuentra en la otra parte del río y nunca me has preguntado cómo podrías llegar a Su presencia.
La embarcación se ha roto; mientras, tú sigues inmóvil, sin avanzar, a merced de las corrientes.
El siervo Kabir te pregunta: ¿Quién te podrá auxiliar al final?
Solo estás, no tienes amigos, así habrás de pagar la torpeza de tu comportamiento.
LXXV
Dicen los Vedas que lo Incondicionado supera al mundo de las Condiciones.
¿Qué ganas con discutir, si Él está en lo más alto de todo o si está en el todo?
Mira cada cosa como si fuera tu propio hogar; no te complazcas en anublar el dolor que se estiende por todas partes.
Brahma se te hará visible día y noche: Vestido de sol, sobre un trono de sol, irradiando sol.
Kabir dice: «El verdadero Amor es todo de luz».
LXXVI
¡Abre bien tus ojos asombrados y míralo a Él reinando sobre el universo! Contempla el mundo y convéncete de que ésa es tu patria.
El día que encuentres a tu verdadero Guru, Él abrirá tu corazón al conocimiento.
Él te mostrará los tesoros del amor y del sacrificio; entonces conocerás que Él no tiene medida.
Su universo es la Ciudad de la Verdad. Fascina el corazón el laberinto de sus calles intrincadas.
Se puede llegar al final sin cruzar el sendero, en un juego que no termina nunca.
Donde el círculo de los innumerables goces jira en torno del Amor, se alza la cumbre de la felicidad eterna.
El día que conozcamos esa cumbre, concluirá el ciclo de nuestros anhelos mortificantes.
Entonces nos dejará de quemar el fuego de la concupiscencia.
Es el equilibrio y el descanso total.
Ha estendido, sobre la faz de la tierra, las formas de su amor.
De su luz, que es Verdad, salen las ondas de las formas nuevas, y Él penetra esas formas de un modo maravilloso.
Todos los jardines, todos los campos, todas las frondas de verdura están llenos de flores que el aire mueve dulcemente.
Allí el cisne juega con el agua.
Allí los acordes de la Misteriosa Música jiran alrededor de la Infinita Unidad.
Allí brilla, en el centro, el Trono de Aquél que es la suma de todas las cosas, donde el Señor tiene su sede.
La luz de millones de astros se esfuma, confusa, ante el resplandor de sus cabellos.
Por el sendero, ¡qué inefables melodías se escuchan! Sus notas traspasan el corazón de parte a parte.
La Eterna Fuente de vida deja correr su estraño chorro donde saltan sin fin la vida y la muerte.
Y se llama nada Aquél que es la verdad infinita, Aquél en quien están resumidas todas las verdades.
En él se prolonga la creación. Es superior a toda filosofía y es lo que ninguna filosofía podría concebir.
Existe el mundo sin fin ¡oh, hermano mío! y existe el Ser sin nombre, el que sólo puede pronunciarse en el silencio.
El mundo ilimitado sólo es conocido de aquel que lo alcanzó.
Es muy distinto de cuanto se ha escrito y se ha leído.
Ni formas, ni cuerpo, ni medida, ni aliento existen en él. ¿Cómo podría esplicarte lo que es?
Se encuentra en el camino de lo infinito, sobre el que desciende la gracia del Señor; el que le alcanza está ya exento de nacer y de morir.
Kabir dice: «Estos sentimientos no pueden decirse con palabras de los labios; como tampoco pueden escribirse con caracteres comunes.
Le gustan las personas que son de su mayor agrado ¿cómo puede tener esplicación?».
LXXVII
¡Corazón mío! ¡Vámonos pronto al país donde mora mi Señor! La enamorada llena allí su ánfora en el pozo y, sin embargo, le falta la soga para retirarlo del agua. En esa rejión las nubes no cubren el cielo y, sin embargo, la lluvia cae allí en ráfagas de aguas purísimas.
¡Oh, espíritu! ¡No te quedes sentado en el umbral de tu puerta! ¡Sal y báñate en esa linfa milagrosa! Maravilloso es el país donde reina un constante claro de luna. Nunca está triste. ¿Y quién habla de un solo sol? Ese país está iluminado por el resplandor de innumerables astros desconocidos.
LXXVIII
Kabir dice: «¡Oh, Sadhu! Escucha mis consejos. Si quieres tu felicidad, presta mucha atención a lo que quiero decirte».
Te has apartado del Amor, de quien has nacido: has perdido la razón, y has merecido la muerte.
Porque todas las doctrinas, y todas las enseñanzas vienen de Él; en Él se regocijan. Tenlo por cierto y no tengas miedo alguno.
¡Deja que te aclare esta gran verdad sin palabras! ¿A quién salmodias y en quién piensas? ¡Sal de ese laberinto de ideas!
Él reina en el centro de todas las criaturas. ¿Por qué refugiarte en un estraño éstasis que a nada conduce?
Si tienes al Guru lejos de ti, lo único que honras es la distancia del alejamiento sin sentido.
Si de verdad el Maestro está lejos ¿quién es el que creó este mundo?
Por no percibir su presencia, andas cada vez más lejos, errante, y le buscas inútilmente y entre sollozos.
Allí donde Él está lejos no se le puede alcanzar: donde Él está cerca, la felicidad nos llena el corazón.
Kabir dice: «Temeroso de que su amante sufra, le penetra profundamente».
Conócete, pues, ¡oh Kabir! y piensa que Él llena todo tu Ser.
Canta la alegría del encuentro y quédate, inquebrantable, en tu corazón.
LXXIX
No soy ni amante ni amado.
No vivo ni según la ley ni según la razón.
Ni pronuncio ni soy pronunciado.
Ni soy criado ni soy señor.
Ni estoy libre ni me siento esclavo.
No tengo afectos ni odios.
No estoy cerca de nadie; no estoy lejos de nadie.
No iré al cielo ni bajaré al infierno.
Me inquieto por todo; pero estoy lejos de toda inquietud.
Pocos me entienden; que aquel que me comprenda encuentre la paz.
Kabir no intenta jamás crear ni destruir.
LXXX
El verdadero Nombre es distinto a todos los nombres.
Distinguir entre lo Condicionado y lo Incondicionado no es más que un problema de filosofía sencilla.
Lo Incondicionado es la semilla; lo Condicionado es la flor y el fruto. El saber está en la rama, el Nombre está en la raíz.
Búscate la raíz: serás feliz cuando la halles.
Porque la raíz te llevará a la rama, a la hoja, a la flor y al fruto.
Será tu encuentro con el Amor, será la realización de tu sueño, será la unión definitiva de lo Condicionado y de lo Incondicionado.
LXXXI
En el principio, Él estaba con Él y se bastaba en sí mismo.
No habrá en Él principio ni comienzo, ni miedo, ni final.
No había noche, ni día, ni ojos para mirar.
No había tierra, ni aire, ni cielo, ni fuego, ni agua, ni ríos como el Ganjes y el Jumna, ni mares, ni océanos, ni olas.
No existía el pecado, ni la virtud, ni las escrituras sagradas como la de los Vedas, las Puranas o el Korán.
Kabir dice: «Todo era entonces suprema quietud y paz: el Ser Supremo permanecía en el seno abismal en sí mismo».
El Guru no necesitaba comer, ni beber, ni vivir, y no morirá nunca.
No tiene contorno, ni color, ni túnica.
No pertenece a una relijión, ni a una familia, ni a nada ¿ cómo se podría describir su poder?
No tiene forma; pero su forma es la perfección.
No tiene nombre, y sin embargo tiene nombre supremo.
Carece de color; pero todas las gamas están en Él.
No tiene morada, y sin embargo está en la gran morada.
LXXXII
Kabir medita y esclama: «Aquél que no tiene ni patria, ni familia, aquél que es informe, llena todo el espacio».
El Creador trajo al ser el fuego de la Alegría; y de la palabra Om surjió la Creación.
La tierra es su alegría; su alegría es el cielo.
Su alegría es el destello del sol y de la luna.
Su alegría es el principio, el medio y el fin.
Su alegría es ojos, oscuridad y luz.
Océanos y ondas son su alegría; su alegría el Sarasvati, el Jumna y el Ganjes.
El Guru es Uno: y la vida y la muerte, la unión y la separación, son todos Sus juegos de alegría.
Su juego la tierra y el agua, el universo todo.
Su juego la tierra y el cielo.
Jugando, se tendió la Creación; Jugando, se estableció. «El mundo entero —dice Kabir— descansa en su juego, y sin embargo el jugador permanece desconocido».
LXXXIII
Del arpa se desprenden murmullos de música; y la danza sigue sin manos y sin pies.
Suena sin que haya que pulsarla, se escucha sin oídos; pues Él es el oído, y Él es el que escucha. El portal está cerrado con llave, pero dentro hay fragancia: y allí el encuentro no es visto de nadie.
El que es sabio lo comprenderá.
LXXXIV
El Pordiosero va mendigando, pero yo no pude siquiera vislumbrarlo a Él.
¿Y qué pediré al Mendigo? Él da sin que se le pida nada.
Kabir dice: «¡Yo soy suyo; ahora que ocurra lo que ocurra!».
LXXXV
Mi corazón clama reciamente por la casa de mi amante. El camino abierto y el albergue de un techado le son lo mismo a aquella que ha perdido la ciudad de su esposo.
Mi corazón no encuentra alegría en nada; mi pensamiento y mi cuerpo están fuera de sí.
Su palacio tiene un millón de portadas, pero hay un vasto océano entre él y yo.
¿Cómo habré de cruzarlo? Infinita es la senda.
¡Qué maravillosamente está hecha esta lira! Cuando sus cuerdas están bien tendidas, enloquece el corazón; pero cuando las llaves están rotas y las cuerdas sueltas, nadie la escucha.
He de decir a mis padres, sonriendo, que he de ir donde mi señor me espera esta misma mañana.
Ellos se enfadan, porque no quieren que vaya, y dicen: «Esta criatura se imajina que se ha adueñado de su marido para tener todo lo que se le antoja; y por eso está impaciente por ir donde está él». Querido amigo, levanta el velo lijeramente ahora; pues ésta es la noche del amor.
Kabir dice: «¡Escúchame! Mi corazón está ansioso de encontrar a mi amante: estoy sin sueño en mi cama. Acuérdate de mí cuando el alba despierte».
LXXXVI
¡Sirve a tu Dios, que ha entrado en este templo de la vida! No hagas el loco, que la noche se oscurece de prisa.
Él me ha esperado durante incontados siglos; por amor a mí Él ha perdido su corazón.
Sin embargo, yo no conocía la dicha que estaba cerca de mí, pues mi amor aún no había despertado. Pero ahora mi Amante me ha dado a conocer el sentido de la nota que hirió mi oído.
Ahora mi ventura ha llegado de improviso.
Kabir dice: «¡Mira cuán grande es mi buena suerte! ¡He recibido la infinita caricia de mi Amado!».
LXXXVII
¡Las nubes se multiplican y se espesan en el cielo!
Escucha la honda voz de su rujir.
La lluvia viene de oriente con su monótono murmullo.
Cuida de las empalizadas y fronteras de tus campos, no vaya la lluvia a inundarlos.
Prepara el terreno de la liberación, y que las enredaderas del amor y la renunciación se empapen en este chubasco.
Sólo el labrador prudente traerá a casa su cosecha; él llenará sus cálices, y alimentará a los sabios y a los santos.
LXXXVIII
Este día me es más querido que ninguno, pues hoy el Amado Señor es huésped en mi casa.
Mi cámara y mi patio están bellos con su presencia.
Mis anhelos cantan Su Nombre, y se pierden en su gran hermosura.
Yo lavo Sus pies, y miro Su cara; y pongo ante Él como ofrenda mi cuerpo, mi entendimiento y todo cuanto tengo.
¡Qué día de alegría es éste en que mi Amado, que es mi tesoro, viene a mi casa!
Todos los males huyen de mi corazón cuando veo a mi Señor.
«Mi amor le ha tocado; mi corazón está anhelando el Nombre que es la Verdad».
Así canta Kabir, el siervo de todos los siervos.
LXXXIX
¿Hay algún sabio que escuche esta solemne música que se levanta en el cielo?
Pues Él, la Fuente de toda música, rebosa todos los cálices, y descansa Él mismo en la plenitud.
El que vive según el cuerpo, está siempre sediento, pues persigue aquello que es limitado y finito.
Pero siempre brota un sonido más y más hondo —«Él es esto, esto es Él»—, fundiendo el amor y la renunciación en una sola palabra.
Kabir dice: «¡Oh, hermano; ésta es la palabra fundamental!».
XC
¿A quién iré para saber de mi Amado?
Kabir dice: «Así como nunca puedes encontrar el bosque si ignoras el árbol, así nunca podrás encontrarlo en abstracciones».
XCI
He aprendido el idioma sánscrito, con el que me llamen sabio todos los hombres.
¿Pero de que vale esto, cuando estoy flotando a la deriva, y seco de sed, y ardiendo con el calor del deseo?
Sin fin alguno llevo sobre mi cabeza esta carga de orgullo y vanidad.
Kabir dice: «Échala al polvo y sal al encuentro del Amado. Háblale a Él como a tu único Señor».
XCII
La mujer que está separada de su amante, hila en la rueca.
La ciudad del cuerpo se levanta en toda su belleza; y dentro de ella el palacio del entendimiento ha sido construido.
La rueda del amor da vueltas en el cielo, y la silla está hecha de las joyas de la sabiduría.
¡Qué sutiles hilos teje la mujer, y cómo los hace finos con amor y reverencia!
Kabir dice: «Estoy tejiendo la guirnalda día y noche. Cuando mi amante venga y yo toque sus pies, le ofreceré mis lágrimas».
XCIII
¡Bajo el gran quitasol de mi rey, millones de soles, de lunas y de estrellas, brillan!
Él es la mente dentro de mi mente: Él es el ojo dentro de mi ojo.
¡Ah, si mi entendimiento y mis ojos fueran uno! ¡Si mi amor pudiera alcanzar a mi Amante! ¡Si lograra que el fogoso calor de mi corazón fuese templado!
Kabir dice: «Cuando unes al amor con el Amante, la perfección encuentra su plenitud».
XCIV
¡Oh, Sadhu! mi tierra es una tierra sin tristezas. Yo clamo a todos, al rey y al mendigo, al emperador y al fakir.
¡Quien quiera buscar albergue en lo más Alto, venga a morir a mi país!
¡Que los rendidos vengan y descansen aquí sus cargas!
Así, pues, vive aquí, hermano mío, para que puedas cruzar con mayor facilidad a la otra ribera.
Es un país sin tierra ni cielo; sin luna y sin estrellas.
Pues sólo el fulgor de la Verdad brilla en el Durbar de mi Señor.
Kabir dice: «¡Oh amado hermano! Nada es esencial más que la Verdad».
XCV
Yo vine con mi Señor a casa de mi Señor: pero no viví con él, no le gusté, y mi juventud se me pasó como un sueño.
En las noches de mis bodas, mis amigas cantaron en coro; me unjieron con los bálsamos del placer y del dolor.
Pero cuando la ceremonia hubo terminado, yo dejé a mi Señor y me vine, y mi pariente quiso consolarme por el camino.
Kabir dice: «Iré a casa de mi Señor con mi amor a mi lado, entonces sonaré la trompeta del triunfo».
XCVI
¡Oh, amigo, corazón mío, piénsalo bien! si en verdad amas, entonces, ¿por qué duermes?
Si al fin lo has encontrado a Él, date del todo, y acójelo en todo tu ser.
¿Por qué lo pierdes una vez y otra vez?
Si el profundo sueño del descanso ha venido a tus ojos, ¿por qué desperdicias tu tiempo haciendo la cama y acomodando las almohadas?
Kabir dice: «¡No hay más que un modo de amar!».
Aun cuando haya que dar la misma vida, ¿qué razón habría para que lloraras por ello?
XCVII
El Señor está en mí, el Señor está en ti, como está la vida en cada semilla. ¡Oh servidor: Aleja el falso orgullo, y búscalo a Él dentro de ti!
Un millón de soles fuljen de luz.
El mar de lo azul se tiende por el cielo.
La fiebre de la vida se ha acallado, y son lavadas todas las manchas cuando me hallo en el centro de aquel mundo sin límites.
¡Escuchad las campanas y tambores no sonados! ¡Deléitate en el amor!
Se derraman las lluvias sin aguas, y los ríos son corrientes de luz.
Un único Amor es el que invade el mundo entero y pocos son los que lo conocen del todo:
Ciegos son los que esperan verlo a la luz de la razón; esa razón que a veces es la causa del alejamiento.
¡La Casa de la Razón está muy lejos!
Cuan bendito es Kabir, que en medio de esta gran alegría nos canta dentro de su propio cuerpo.
Es la música del encuentro del alma con el alma.
Es la música del olvidar de las penas.
Es la música que supera todo lo que hasta ahora habíamos creído maravilloso.
XCVIII
El mes de marzo se acerca: ¡ah!, ¿quién me unirá con mi Amante?
¿Cómo encontraré palabras para decir la belleza de mi Amado?
Pues él está fusionado con toda belleza. Su color está en todos los cuadros del mundo, y hechiza el cuerpo y el entendimiento.
Los que le conocen, saben lo que es este inefable juego de la Primavera.
Kabir dice: «¡Escúchame, hermano!, ¡no son muchos los que han llegado a este descubrimiento decisivo!».
XCIX
¡Oh, Narad! Sé que mi Amante no puede estar lejos:
Cuando mi Amor despierta, despierto yo; cuando duerme Él, yo duermo también.
Sea destruido de raíz quien cause dolor a mi Amado.
Allí donde cantan sus alabanzas, allí vivo yo.
Cuando Él camina, camino ante Él; mi corazón suspira por mi Amado. Una peregrinación infinita yace a Sus pies; un millón de devotos se inclina ante mi Amor.
Kabir dice: «El Amante mismo revela la gloria del verdadero amor».
C
¡Cuelga hoy el columpio del amor!
Cuelga el cuerpo y el entendimiento entre los brazos del Amado, en éstasis y delirios de amor. Acerca las corrientes de las nubes lluviosas a tus ojos, y cubre tu corazón con la sombra de la oscuridad.
Aproxima tu cara a su oído, y háblale quedo de los anhelos más profundos de tu corazón.
Kabir dice: «¡Escúchame, hermano!, lleva siempre la visión del Amado dentro de tu corazón».